Vi un drama de televisión hace unos años sobre el asesinato de una escritora joven, prometedora y capaz. La persona que la mato quería robarle sus escritos y hacerlos propios. El asesino creía que la joven escritora poseía dos cosos que el carecía — una voz y un futuro. Lo que el asesino equivocado no sabía es que todos tienen una voz y la voz de otro saliendo de la nuestra sonara fuera de tono e inauténtica.
Nuestra voz es nuestro lenguaje personal inimitable — como nos expresamos, sea a través de las artes o de otras innumerables maneras de compartir nuestras experiencias vividas. Cada voz cuenta una historia única. Al darle voz a nuestras experiencias, invitamos a otros a conocer un poco de nuestras luchas, nuestros sueños, nuestra fe — nuestra historia.
La fe es lo que hace la diferencia en la historia de un cristiano y en la manera en que su voz es expresada. Cada historia incluye a Dios como el protagonista, quien muchas veces es presagiado a través de nuestras vidas hasta que es revelado como el director y productor de nuestra historia. Su presencia y dirección creativa trae el momento crucial que le da sentido a nuestra historia. Es ese encuentro esencial que es expresado a través de nuestras voces in formas variadas y hace que nuestras historias valgan la pena contarlas y que esos sonidos preciosos valgan la pena escucharlos — dejando ecos persistentes en nuestras almas.


