¿Sea Hecha Mi Voluntad?

¿Mi? Espera un momento.  ¿No se supone que diga, “Sea hecha Tu voluntad?”  Para nuestro perjuicio, el “Yo” predomina en el corazón orgulloso del ser humano.  Estamos constantemente tratando de llevar acabo nuestra voluntad y gratificar nuestros propios deseos.  Sin embargo, hay una persona que nos reta a pensar, sentir, y actuar diferente a nuestra naturaleza carnal.  Jesús nos enseña a través de la palabra y el hecho, que debemos rendir nuestra voluntad al Padre.  El nos demostró esto cuando oró en el Jardín de Getsemaní.  La magnitud de su angustia mental, espiritual, y emocional encontró una fuente de expresión física a través de su sangriento sudor.  Su carne lucho desesperadamente con el más profundo deseo innato de la humanidad, la preservación del ser.  El escogió someterse a la voluntad del Padre, aunque lo llevase a la muerte.  Su relación intima con el Padre le revelo a El que para verdaderamente vivir uno tiene que ofrecer su tesoro mas valioso, su ser.

La esencia de nuestra alma abarca nuestros pensamientos, nuestra voluntad, y nuestras emociones.  Estas reflejan lo que “yo” pienso, lo que “yo” quiero, y lo que “yo” quiero hacer.  Diariamente nos encontramos con la lucha para suprimir las tendencias egocéntricas que nos afligen como seres humanos, en nuestro esfuerzo para honrar a Dios rindiendo nuestras vidas a su mandato.  El Apóstol Pablo nos enseña que nuestras vidas deben de ser dirigidas por Dios cuando él dice, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí.”   Esto se puede sentir como un asalto profundo contra el tuétano de nuestras almas…nuestro orgullo…nuestra voluntad…nuestro “yo.”  Sin embargo, recordamos que la caída de Lucifer fue su orgullo.  Como el directo opuesto del orgullo, la humildad se debe mantener cautiva por nuestros corazones.

Una reverente humildad en la presencia de Dios pone nuestras vidas en Sus manos omnipotentes, mientras dejamos de vivir para nosotros.  El Hijo del Dios viviente se convirtió en un siervo humilde a la voluntad de Dios y en torno Dios le otorgo poder en Su vida.  Recordemos que cuando somos débiles, somos hechos fuerte a través de la presencia de Cristo en nuestras vidas.  Cuando vaciamos nuestra voluntad de nuestro ser, permitimos que el poder de Dios reine supremo en nuestras vidas.  Eso es lo que significa vivir para Cristo y que Cristo viva en nosotros.  Cuando entendemos la magnitud de esta verdad en nuestras vidas, gustosamente rendimos todo al Padre, simplemente porque reconocemos que sin Dios nada podemos hacer.

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